viernes, 3 de agosto de 2018

De las Horas canónicas

Fragmento de la obra de Don Antonio Lobera y Abio, presbítero: El porqué de todas las ceremonias de la Iglesia y sus misterios. Librería de A. Mézin. París, 1846. Págs. 147 -150


VICARIO — Sabe, Curioso, que obligar la Iglesia al rezo de las siete Horas canónicas no es otra cosa que obligar a que en siete horas diferentes del día se ocupen los ministros y religiosos de ella en alabar a Dios (…). Y de éstas quiere que las siete horas consagradas a las alabanzas divinas se llamen canónicas porque en ellas se debe alabar a Dios y cumplir con esta obligación, no rezando voluntariamente lo que cada sacerdote o religioso quisiere, sino lo determinado por nuestra madre la Iglesia, según sus tratados canónicos. Como así nos lo enseña el angélico maestro santo Tomás.
CURIOSO — ¿Es muy antiguo en nuestra madre la Iglesia la división de las horas?
VIC. — Sí, porque tuvo su principio en la sinagoga, lo que afirman todos los santos y doctores que enseñaron esta verdad. (…) Se dicen horas sagradas, porque con intervalo y distinción de tiempos se rezan o cantan, como determinó la Iglesia. Y se dicen canónicas o regulares, porque se cantan a aquellas horas determinadas por los sagrados cánones, y por coro canónico.
CUR. —¿De qué se componen estas sagradas Horas canónicas?
VIC. — Se componen de himnos, salmos y cánticos. El himno, según los Griegos, es lo mismo que verso, o una métrica oración compuesta a mayor honra y gloria de Dios: así lo afirman también san Gregorio y san Agustín. Para el himno se requieren tres cosas: la primera, que sea de alabanza; las segunda, que sea alabanza a Dios; la tercera, que sea cantado. (…) Los himnos han sido compuestos por diversos autores, que se llaman himnógrafos, y cada Festividad tiene el suyo. Y sabe que todos los himnos fueron mandados cantar por decretos de nuestra santa madre la Iglesia.
CUR. — ¿Qué cosa es salmo?
VIC. — Es un canto triunfal de las maravillas de Dios en general. Los cuales compuso David, dando gracias a Dios por tantos favores recibidos por su Divina mano. Fueron compuestos en metro hebreo, como afirman todos los expositores sagrados, y como dice san Jerónimo escribiendo a Paulino. Simbolizan y significan los salmos la buena y divina obra, profetizada por el real profeta David, y cumplida en nuestra ley de gracia.
CUR. — ¿Y qué cosa es cántico?
VIC. — El cántico es un encomio de alguna extraordinaria obra del Señor, como son el cántico de María santísima, el de Moisés, el de Ana, el de Ezequías, el de los Niños del horno de Babilonia y el del sacerdote Simeón. Se dice cántico, porque es una acción de gracias y un gozo espiritual por el beneficio recibido del Señor. Y por esta razón se canta con singular pausa y armonía en los coros. Todo el Oficio Divino es un compuesto de salmos, himnos y cánticos en todas las horas canónicas, cuyo origen viene por tradición apostólica y aprobación de nuestros santísimos padres, como consta de san Gregorio, que dispuso en el Oficio eclesiástico que todas las horas comenzaran con las palabras: Deus in adjutórium, etc. Compuso todo el Oficio en orden, y después san Pío V lo reformó y dispuso con algunas diferencias. De todos los salmos que compuso el real profeta David, hay unos que se llaman Graduales, y otros que se llaman Penitenciales.
CUR. — ¿Por qué se llaman graduales?
VIC. — Porque es cántico de grados y de subida, que salen de la voz hebrea amaloth. Teodoreto y Eutimio dicen que estos cánticos simbolizan la ida de los judíos de Babilonia a Jerusalén, como lo profetizó David cantando su calamidad y libertad. Durando dice (lib. 5 cap. 20) que fueron compuestos para que se cantaran al poner y colocar el arca del Señor en el templo. Descansaba el arca, y se cantaba un salmo. Y como estas gradas del templo de Salomón eran quince como afirma san Agustín, estaban señalados estos quince salmos [del 119 al 134, según Vulgata antigua], y por eso se llamaban y se llaman salmos graduales.
Rodulfo (en la 21 de sus Proposiciones) nota que, de los quince salmos graduales, los cinco primeros se deben decir por los difuntos, y por esto concluyen con Réquiem ætérnam dona eis, Dómine. Los otros cinco, por nosotros y nuestros amigos. Y los cinco últimos, por todos los fieles católicos. Aunque a mi entender simbolizan estos quince salmos, en la ley de gracia, los quince Misterios del santísimo Rosario, porque en el arca está simbolizada María santísima. Y como debemos dar las gracias a Dios nuestro Señor, porque nos conserva su amistad, y nos aparta de todo lo malo por medio de María, su madre, por eso están en el orden decimoquinto estos salmos.
CUR. — ¿Hay obligación de decir los salmos graduales?
VIC. — No, aunque antiguamente se decían. Porque san Pío V exoneró de esta obligación a los sacerdotes, como consta de su Bula, y concedió infinitas indulgencias a todos los que los rezaren por devoción en el coro o fuera de él.
CUR. — ¿Por qué se dicen los siete salmos penitenciales?
VIC. — Porque los siete nos excitan a penitencia, y nos mueven a dolor y conocimiento de nuestra miseria. Son en número siete [salmos 6, 31, 37, 50, 101, 129 y 142, según Vulgata antigua], contra los siete pecados mortales. Se decían en la Iglesia antes del tiempo de san Agustín, y el santo pidió a sus hijos que se los dijeran en la hora que estaba agonizando. Inocencio III mandó que se dijeran en la Cuaresma, por ser tiempo propio de penitencia. San Pío V mandó que se dijeran en la feria sexta, por ser el viernes día en que pecó Adán y murió Cristo Señor nuestro.
En los Salmos está compuesto todo lo que puede desear el sacerdote o religioso. San Juan Crisóstomo dice (Homilía 6 de Pæniténtia) que es imposible imaginar algún género de alabanzas, de peticiones, de hacimiento de gracias o cosa semejante, que no se halle de manera excelente en los Salmos. El pecador halla su conversión, y las peticiones hechas para pedir su reparo, y espejos claros para reformar su vida. El novicio, la virtud que desea seguir desde sus primeros pasos, y los medios para caminar adelante. Y el sacerdote y religioso consumado en la vida espiritual, segurísimos apoyos para aprovechar siempre. Y finalmente, hallamos todo el remedio a la mano: las alabanzas a Dios, el rendimiento de gracias, las sentencia propias y significativas del dolor y arrepentimiento de la vida pasada y del amor de Dios en la vida presente.
En los Salmos se halla la doctrina, que nos enseña a volar con alas en la oración y contemplación, hasta llegar al tribunal de Dios, y unirnos con su divina esencia. En ellos se halla el perfecto conocimiento de nuestra flaqueza, y cuanta sea la necesidad que tenemos de la divina misericordia. Esta razón movió a nuestra madre la Iglesia para consagrar al Señor este número de Horas canónicas, y obligar a sus ministros y religiosos que las recen o canten.

sábado, 12 de mayo de 2018

Iconografía de San Raimundo de Fitero (V): ecuestre militar

En realidad este tipo es una versión más de las anteriores, con la peculiaridad de que aparece sobre el caballo, lo que le hace estar íntimamente relacionado con pinturas y esculturas de otros santos como Santiago, representados sobre el caballo en auxilio de los cristianos, en recuerdo de sus apariciones en otras tantas batallas de la reconquista.

Pero no sólo Santiago fue representado así, ya que otros santos ligados de una u otra manera a la reconquista o a la propia historia de la España católica aparecerán particularmente durante el Barroco como ecuestres militares. Sin lugar a dudas los modelos de todos ellos son el Santiago matamoros y los retratos ecuestres de nuestros reyes del siglo XVII, al encontrar continuos préstamos iconográficos, aunque se reinterpreten los diferentes elementos. Baste recordar al respecto las iconografías de San Millán, San Fernando, San Isidoro o incluso algunos prelados como el cardenal Mendoza.

No podía faltar en esta serie el fundador de la Orden de Calatrava (1). Aunque no hemos podido localizar un buen número de composiciones con esta iconografía, las autorías de las obras dejan bien claro que tuvieron que existir muchas más, sobre todo en los edificios de los calatravos, privados de sus tesoros durante la desamortización de Mendizábal.

Miguel Jacinto Meléndez: San Raimundo de Fitero.
Parroquia de San Andrés, Calahorra (La Rioja).

El mejor ejemplo pictórico de este tipo es, sin duda, el gran lienzo conservado en la parroquia de San Andrés de Calahorra, quizás procedente del monasterio de Fitero. Esta pintura ha sido atribuida por Elena de Santiago al pintor Miguel Jacinto Meléndez, en base a su estilo y la relación que tiene con la estampa de San Isidoro grabada en 1730 por Juan Bernabé Palomino, con dibujo del mismo Meléndez. La inspiración para este tema está en clarísima dependencia de la iconografía de Santiago matamoros, tan abundante en la centuria anterior y particularmente en el cuadro de Juan Carreño de Miranda conservado en el Museo de Budapest.

Carreño de Miranda: Santiago en la batalla de Clavijo.
Museo de Bellas Artes de Budapest.

Aunque básicamente la composición es la misma, Miguel Jacinto Meléndez modificó algunos elementos para adaptarlos a sus necesidades, como el hábito, el color del caballo, así como las posturas de los sarracenos. Al fondo aparece asimismo la figura de fray Diego Velázquez, hermano y discípulo de San Raimundo en la empresa de Calatrava. El colorido resulta bastante frío, con dominio de los blancos y los marrones.

Conjunto escultórico de apertura a la girola.
Iglesia abacial del monasterio de Osera (Orense).

Otra excelente versión escultórica de esta iconografía se encuentra en el monasterio gallego de Osera. Sobre dos altares que flanquean cada una de las arcadas de acceso a la girola, aparecían sendas esculturas ecuestres, en un lado la de Santiago (hoy perdida) y en el otro la de San Raimundo. Esta última se conserva y apoya en un entablamento sobre el arco que une los retablos. El conjunto escultórico resulta imponente, con el caballo en corbeta y el jinete armado blandiendo la espada para derribar a sendos sarracenos que se desploman desde los propios entablamentos hacia el abismo. Sin duda que esta escultura y la de Santiago contribuían a ornamentar el crucero del monasterio cisterciense. La autoría de este conjunto se atribuye a uno de los mejores escultores del barroco a mediados del siglo XVIII en Galicia: José Gambino, creador además de una excelente escuela de imagineros que subsistirá hasta bien entrado el siglo XIX. Su cronología hay que situarla en tiempos del abadiazgo de fray Plácido Morrondo (1753 – 1756). La asociación del apóstol Santiago con otros santos ligados a la reconquista española resulta particularmente usual en Galicia. En los monasterios benedictinos es frecuente que aparezca junto a San Millán, y en los cenobios cistercienses, en cambio, es lógico que junto a Santiago se colocase a San Raimundo.

(1)  El profesor Ricardo Fernández Gracia pone en duda, en este lugar de su artículo, la participación directa de San Raimundo en el campo de batalla. Sentimos mucho disentir de este enfoque, que merma y desmerece la figura del fundador de la santa Milicia. Basten en su favor estas palabras de la Vida escrita por Jerónimo Mascareñas en 1653: «En el ejercicio civil y militar no perdía Raimundo el cuidado del espíritu. El Cielo fue primero fabricado que la tierra; y el cuidado de las cosas celestes debe preferirse a las terrenas. Con una mano gobernaba las expediciones de la guerra, con la otra tenía el Turíbulo para los obsequios del Santuario. La obediencia de su Rey ocupaba la persona en los intereses militares; la piedad establecía el afecto en la disciplina del Claustro. Con los pasos de los pies caminaba adonde el celo de la Cristiandad les guiaba, por los mismos con el afecto casi por tantos escalones se levantaba a la contemplación de Dios. Era un símbolo, finalmente, de aquella Escala que ya vio Jacob: con una punta tenía el cuerpo en el mundo; con la otra subía con el entendimiento al Cielo.»



 Adaptado del espléndido trabajo del profesor Ricardo Fernández Gracia: Iconografía de San Raimundo de Fitero. Revista Príncipe de Viana, Pamplona Año 54, nº 199 (mayo-agosto de 1993), p. 293-354.

sábado, 7 de abril de 2018

Declaración final

Hoy ha tenido lugar en Roma la tan esperada conferencia titulada Iglesia católica, ¿adónde vas? El evento fue inspirado por el fallecido cardenal Carlo Caffarra, uno de los cuatro cardenales de las Dubia, que falleció en el mes de septiembre pasado. Al final de la conferencia, se ha emitido una Declaración final en nombre de los participantes, tanto clérigos como laicos, reafirmando la doctrina infalible de la Iglesia sobre cuestiones morales como el matrimonio y los actos intrínsecamente malvados, y respondiendo así a las cinco Dubia originales que, 18 meses después de haber sido entregadas por primera vez, siguen sin ser atendidas por el Papa Francisco.

La importancia de la Declaración radica en el hecho de que ha sido publicada en la presencia solidaria de los cuatro principales prelados que han levantado sus fuertes voces de resistencia católica contra la confusión y el error difundidos por el Papa Francisco, a saber: el cardenal Walter Brandmüller , el cardenal Raymond Burke, el cardenal Joseph Zen y el obispo Athanasius Schneider. También se ha presentado un breve vídeo-mensaje del cardenal Carlo Caffarra. 



Declaración final de la conferencia 
Iglesia Católica, ¿adónde vas?

Roma, 7 de abril de 2018


Debido a las interpretaciones contradictorias de la Exhortación Apostólica Amoris laetitia, el descontento y la confusión se están extendiendo entre los fieles de todo el mundo.

La solicitud urgente de una aclaración presentada al Santo Padre por, aproximadamente, un millón de fieles, más de 250 eruditos y varios cardenales no ha recibido respuesta.

En medio de este grave peligro para la Fe y la unidad de la Iglesia, nosotros, miembros bautizados y confirmados del Pueblo de Dios, estamos llamados a reafirmar nuestra Fe católica.

El Concilio Vaticano II nos autoriza y nos anima a hacerlo, cuando indica en Lumen Gentium, nº 33: «De modo que cada laico, en virtud de los dones que le han sido otorgados, se convierte en testigo y, simultáneamente, en vivo instrumento de la misión de la misma Iglesia "en la medida del don de Cristo" (Efesios 4, 7 ).»

El Beato John Henry Newman también nos alienta a hacerlo. En su ensayo profético Sobre la consulta de los fieles en asuntos de doctrina (1859), habló de la importancia de los laicos que dan testimonio de la Fe.

Por lo tanto, de acuerdo con la tradición auténtica de la Iglesia, testificamos y confesamos que:

1) Un matrimonio ratificado y consumado entre dos personas bautizadas se puede disolver sólo con la muerte.

2) Por lo tanto, los cristianos unidos por un matrimonio válido que se unen a otra persona mientras su cónyuge aún está vivo cometen el grave pecado de adulterio.

3) Estamos convencidos de que éste es un mandamiento moral absoluto que obliga siempre y sin excepción.

4) También estamos convencidos de que ningún juicio subjetivo de conciencia puede hacer que un acto intrínsecamente malo sea bueno y lícito.

5) Estamos convencidos de que el juicio sobre la posibilidad de administrar la absolución sacramental no se basa en la imputabilidad del pecado cometido, sino en la intención del penitente de abandonar una forma de vida que es contraria a los mandamientos divinos.

6) Estamos convencidos de que las personas que están divorciadas y se han vuelto a casar civilmente, y que no están dispuestas a vivir en continencia, están viviendo en una situación que es objetivamente contraria a la ley de Dios y, por lo tanto, no pueden recibir la Comunión eucarística.

Nuestro Señor Jesucristo dice: «Si permanecéis en mi palabra, sois en verdad discípulos míos, conoceréis la verdad, y la verdad los hará libres» (Jn 8, 31-32).

Con esta confianza, confesamos nuestra Fe ante el pastor supremo y maestro de la Iglesia junto con los obispos, y les pedimos que nos confirmen en la Fe.



Fuente: One Peter 5


jueves, 15 de marzo de 2018

En la fiesta de nuestro padre San Raimundo

En este día de nuestro santo patrón compartimos un fragmento de la biografía escrita por Jerónimo Mascareñas (1611 - 1672), caballero de Calatrava, capellán de la reina Mariana de Austria y tutor del príncipe Carlos (futuro Carlos II). Mascareñas fue nombrado obispo de Segovia por Clemente IX, sede que ocupó felizmente en 1668 hasta el final de su vida.



Murió Raimundo el año de mil y ciento y sesenta y tres. El día de su muerte no se sabe de cierto, y esto dió ocasión a Arnoldo Ubión para ponerle en los Santos añadidos al Martirologio, de quien no se sabe el propio día. Mejor Hugo Menardo puso el día quince de marzo, porque ya que no su muerte, se celebrase de cierto su traslación. Fray Crisóstomo Enríquez en su Menologio le pone el día primero de febrero, y no dice la causa. Alberto Mireo no señala día, y engáñase cuando, citando al Arzobispo Don Rodrigo, dice que está juntamente enterrado con él, siendo que el cuerpo del Arzobispo está en el convento de Huerta. 

Fue sepultado en la Villa de Ciruelos, donde le tuvieron siempre en reputación de Santo; e hizo Dios por su siervo muchos milagros, sanando por su intercesión enfermos de enfermedades incurables, teniéndole en toda aquella comarca en suma devoción y reverencia. Ahora, aunque no está allí el cuerpo, veneran los de aquella tierra su antiguo sepulcro, y tienen larga experiencia de que tocando las campanas de la iglesia, cuyas sogas dan en la sepultura donde estuvo el siervo de Dios, en tiempo de nublados, truenos y borrascas serena en aquella parte milagrosamente el cielo, y jamás se han visto daños de rayos, piedra ni granizo la veces que con tiempo acuden a pedir su favor, y a tañer sus campanas.

Parroquial de Ciruelos (Toledo),
donde estuvo el sepulcro del santo
hasta su traslado a Montesión.
Fuente: Buscando Montsalvatge.

Estuvo el bendito cuerpo en este lugar muchos años, sin que fuesen bastantes diligencias algunas para obligar a los de Ciruelos a que le diesen a la Orden de Calatrava, cuyo fundador era, ni a los monjes de San Pedro de Gumiel, ni de Fitero, que con instancia le pedían, hasta que el año de 1471 el doctor Don Luis Núñez de Toledo, Arcediano de Madrid y canónigo de la Santa Iglesia, por concesión del papa Paulo II, y por virtud de su Bula, le hizo trasladar a Nuestra Señora de Monte Sión, convento de la Orden de Císter, llamado comúnmente de San Bernardo de Toledo, media legua extra muros de la misma ciudad, a una capilla que él fundó, intitulada de la Visitación de Nuestra Señora. (...) Y luego que llegó el cuerpo al convento, fue puesto en su capilla, (...) donde con gran decencia se puso en una urna, y todos los monjes de esta casa son testigos de muchos y grandes milagros que Dios ha obrado por intercesión de su siervo.

Aquí se mostraban las santas reliquias a personas de mucha autoridad, con grande reverencia. Y siempre sentían los que se hallaban presentes  ―abriéndose la urna― una gran fragancia del cielo, que les mostraba y hacía confesar no ser de cosa humana ni de olores aromáticos: clara señal de aquella pureza que el varón de Dios conservó intacta. Aun entre los hedores de la muerte da olor el lirio de la castidad. Débese, sobre el orden de la naturaleza, semejante prerrogativa a los castos, que despreciando los placeres corruptibles vivieron vida sobrenatural. 


Reliquia del santo conservada en Ciruelos.
Fuente: Buscando Montsalvatge.

sábado, 10 de marzo de 2018

La valiente resistencia de las Hermanitas de María



Las Hermanitas de María, Madre del Redentor, asentadas en Saint-Aignan-sur-Roe (diócesis de Laval, Francia), están siendo perseguidas por su obispo, el liberal Thierry Scherrer, según informó el 27 de febrero riposte-catholique.fr.

Las Hermanitas administran cuatro hogares para ancianos y anteriormente sirvieron también en la casa del obispo. Fueron fundadas en 1939 por la madre Marie de la Croix y en los años conciliares adoptaron el Novus Ordo Missæ. El obispo Scherrer considera ahora, sin embargo, que las Hermanitas son demasiado conservadoras por el hecho de haber decidido, durante su Capítulo general celebrado en el 2012, volver al hábito original y vestir de nuevo la genuina toca barbada. Parece ser, además, que su espíritu contemplativo y reparador encrespa el talante progresista del prelado, en plena sintonía con el pontificado actual.

Mas esta conducta no acaba de entenderse si no se mencionan los turbios intereses que subyacen en el fondo. A causa de una fusión de los hogares de ancianos, ahora Scherrer es miembro de la junta de gobierno de la asociación civil que los administra. Sin experiencia en el tema, impuso decisiones administrativas desoyendo el consejo de los expertos. Y al verse contrariado por la oposición de las religiosas, ordenó una visita canónica, cuyos resultados fueron determinados de antemano.

Scherrer consiguió involucrar a la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada, que suspendió el Capítulo de las Hermanas y exilió a la superiora general y a la maestra de novicias de la comunidad. Entonces fueron impuestos tres comisarios apostólicos liberales, es decir, tres religiosas de otras congregaciones con un espíritu totalmente opuesto. El caso recuerda demasiado a la intervención y progresiva destrucción de los Franciscanos de la Inmaculada.

Pero las Hermanitas decidieron, por unanimidad, impedir la entrada a las tres comisarias, y han apelado a la Signatura Apostólica romana, en valiente resistencia contra el ataque de la hidra liberal.



Sor Clemencia de la Santísima Trinidad en su profesión solemne.

Las Hermanitas sor María de San Pablo (izquierda)
 y sor María del Rosario (derecha).