sábado, 12 de mayo de 2018

Iconografía de San Raimundo de Fitero (V): ecuestre militar

En realidad este tipo es una versión más de las anteriores, con la peculiaridad de que aparece sobre el caballo, lo que le hace estar íntimamente relacionado con pinturas y esculturas de otros santos como Santiago, representados sobre el caballo en auxilio de los cristianos, en recuerdo de sus apariciones en otras tantas batallas de la reconquista.

Pero no sólo Santiago fue representado así, ya que otros santos ligados de una u otra manera a la reconquista o a la propia historia de la España católica aparecerán particularmente durante el Barroco como ecuestres militares. Sin lugar a dudas los modelos de todos ellos son el Santiago matamoros y los retratos ecuestres de nuestros reyes del siglo XVII, al encontrar continuos préstamos iconográficos, aunque se reinterpreten los diferentes elementos. Baste recordar al respecto las iconografías de San Millán, San Fernando, San Isidoro o incluso algunos prelados como el cardenal Mendoza.

No podía faltar en esta serie el fundador de la Orden de Calatrava (1). Aunque no hemos podido localizar un buen número de composiciones con esta iconografía, las autorías de las obras dejan bien claro que tuvieron que existir muchas más, sobre todo en los edificios de los calatravos, privados de sus tesoros durante la desamortización de Mendizábal.

Miguel Jacinto Meléndez: San Raimundo de Fitero.
Parroquia de San Andrés, Calahorra (La Rioja).

El mejor ejemplo pictórico de este tipo es, sin duda, el gran lienzo conservado en la parroquia de San Andrés de Calahorra, quizás procedente del monasterio de Fitero. Esta pintura ha sido atribuida por Elena de Santiago al pintor Miguel Jacinto Meléndez, en base a su estilo y la relación que tiene con la estampa de San Isidoro grabada en 1730 por Juan Bernabé Palomino, con dibujo del mismo Meléndez. La inspiración para este tema está en clarísima dependencia de la iconografía de Santiago matamoros, tan abundante en la centuria anterior y particularmente en el cuadro de Juan Carreño de Miranda conservado en el Museo de Budapest.

Carreño de Miranda: Santiago en la batalla de Clavijo.
Museo de Bellas Artes de Budapest.

Aunque básicamente la composición es la misma, Miguel Jacinto Meléndez modificó algunos elementos para adaptarlos a sus necesidades, como el hábito, el color del caballo, así como las posturas de los sarracenos. Al fondo aparece asimismo la figura de fray Diego Velázquez, hermano y discípulo de San Raimundo en la empresa de Calatrava. El colorido resulta bastante frío, con dominio de los blancos y los marrones.

Conjunto escultórico de apertura a la girola.
Iglesia abacial del monasterio de Osera (Orense).

Otra excelente versión escultórica de esta iconografía se encuentra en el monasterio gallego de Osera. Sobre dos altares que flanquean cada una de las arcadas de acceso a la girola, aparecían sendas esculturas ecuestres, en un lado la de Santiago (hoy perdida) y en el otro la de San Raimundo. Esta última se conserva y apoya en un entablamento sobre el arco que une los retablos. El conjunto escultórico resulta imponente, con el caballo en corbeta y el jinete armado blandiendo la espada para derribar a sendos sarracenos que se desploman desde los propios entablamentos hacia el abismo. Sin duda que esta escultura y la de Santiago contribuían a ornamentar el crucero del monasterio cisterciense. La autoría de este conjunto se atribuye a uno de los mejores escultores del barroco a mediados del siglo XVIII en Galicia: José Gambino, creador además de una excelente escuela de imagineros que subsistirá hasta bien entrado el siglo XIX. Su cronología hay que situarla en tiempos del abadiazgo de fray Plácido Morrondo (1753 – 1756). La asociación del apóstol Santiago con otros santos ligados a la reconquista española resulta particularmente usual en Galicia. En los monasterios benedictinos es frecuente que aparezca junto a San Millán, y en los cenobios cistercienses, en cambio, es lógico que junto a Santiago se colocase a San Raimundo.

(1)  El profesor Ricardo Fernández Gracia pone en duda, en este lugar de su artículo, la participación directa de San Raimundo en el campo de batalla. Sentimos mucho disentir de este enfoque, que merma y desmerece la figura del fundador de la santa Milicia. Basten en su favor estas palabras de la Vida escrita por Jerónimo Mascareñas en 1653: «En el ejercicio civil y militar no perdía Raimundo el cuidado del espíritu. El Cielo fue primero fabricado que la tierra; y el cuidado de las cosas celestes debe preferirse a las terrenas. Con una mano gobernaba las expediciones de la guerra, con la otra tenía el Turíbulo para los obsequios del Santuario. La obediencia de su Rey ocupaba la persona en los intereses militares; la piedad establecía el afecto en la disciplina del Claustro. Con los pasos de los pies caminaba adonde el celo de la Cristiandad les guiaba, por los mismos con el afecto casi por tantos escalones se levantaba a la contemplación de Dios. Era un símbolo, finalmente, de aquella Escala que ya vio Jacob: con una punta tenía el cuerpo en el mundo; con la otra subía con el entendimiento al Cielo.»



 Adaptado del espléndido trabajo del profesor Ricardo Fernández Gracia: Iconografía de San Raimundo de Fitero. Revista Príncipe de Viana, Pamplona Año 54, nº 199 (mayo-agosto de 1993), p. 293-354.

sábado, 7 de abril de 2018

Declaración final

Hoy ha tenido lugar en Roma la tan esperada conferencia titulada Iglesia católica, ¿adónde vas? El evento fue inspirado por el fallecido cardenal Carlo Caffarra, uno de los cuatro cardenales de las Dubia, que falleció en el mes de septiembre pasado. Al final de la conferencia, se ha emitido una Declaración final en nombre de los participantes, tanto clérigos como laicos, reafirmando la doctrina infalible de la Iglesia sobre cuestiones morales como el matrimonio y los actos intrínsecamente malvados, y respondiendo así a las cinco Dubia originales que, 18 meses después de haber sido entregadas por primera vez, siguen sin ser atendidas por el Papa Francisco.

La importancia de la Declaración radica en el hecho de que ha sido publicada en la presencia solidaria de los cuatro principales prelados que han levantado sus fuertes voces de resistencia católica contra la confusión y el error difundidos por el Papa Francisco, a saber: el cardenal Walter Brandmüller , el cardenal Raymond Burke, el cardenal Joseph Zen y el obispo Athanasius Schneider. También se ha presentado un breve vídeo-mensaje del cardenal Carlo Caffarra. 



Declaración final de la conferencia 
Iglesia Católica, ¿adónde vas?

Roma, 7 de abril de 2018


Debido a las interpretaciones contradictorias de la Exhortación Apostólica Amoris laetitia, el descontento y la confusión se están extendiendo entre los fieles de todo el mundo.

La solicitud urgente de una aclaración presentada al Santo Padre por, aproximadamente, un millón de fieles, más de 250 eruditos y varios cardenales no ha recibido respuesta.

En medio de este grave peligro para la Fe y la unidad de la Iglesia, nosotros, miembros bautizados y confirmados del Pueblo de Dios, estamos llamados a reafirmar nuestra Fe católica.

El Concilio Vaticano II nos autoriza y nos anima a hacerlo, cuando indica en Lumen Gentium, nº 33: «De modo que cada laico, en virtud de los dones que le han sido otorgados, se convierte en testigo y, simultáneamente, en vivo instrumento de la misión de la misma Iglesia "en la medida del don de Cristo" (Efesios 4, 7 ).»

El Beato John Henry Newman también nos alienta a hacerlo. En su ensayo profético Sobre la consulta de los fieles en asuntos de doctrina (1859), habló de la importancia de los laicos que dan testimonio de la Fe.

Por lo tanto, de acuerdo con la tradición auténtica de la Iglesia, testificamos y confesamos que:

1) Un matrimonio ratificado y consumado entre dos personas bautizadas se puede disolver sólo con la muerte.

2) Por lo tanto, los cristianos unidos por un matrimonio válido que se unen a otra persona mientras su cónyuge aún está vivo cometen el grave pecado de adulterio.

3) Estamos convencidos de que éste es un mandamiento moral absoluto que obliga siempre y sin excepción.

4) También estamos convencidos de que ningún juicio subjetivo de conciencia puede hacer que un acto intrínsecamente malo sea bueno y lícito.

5) Estamos convencidos de que el juicio sobre la posibilidad de administrar la absolución sacramental no se basa en la imputabilidad del pecado cometido, sino en la intención del penitente de abandonar una forma de vida que es contraria a los mandamientos divinos.

6) Estamos convencidos de que las personas que están divorciadas y se han vuelto a casar civilmente, y que no están dispuestas a vivir en continencia, están viviendo en una situación que es objetivamente contraria a la ley de Dios y, por lo tanto, no pueden recibir la Comunión eucarística.

Nuestro Señor Jesucristo dice: «Si permanecéis en mi palabra, sois en verdad discípulos míos, conoceréis la verdad, y la verdad los hará libres» (Jn 8, 31-32).

Con esta confianza, confesamos nuestra Fe ante el pastor supremo y maestro de la Iglesia junto con los obispos, y les pedimos que nos confirmen en la Fe.



Fuente: One Peter 5


jueves, 15 de marzo de 2018

En la fiesta de nuestro padre San Raimundo

En este día de nuestro santo patrón compartimos un fragmento de la biografía escrita por Jerónimo Mascareñas (1611 - 1672), caballero de Calatrava, capellán de la reina Mariana de Austria y tutor del príncipe Carlos (futuro Carlos II). Mascareñas fue nombrado obispo de Segovia por Clemente IX, sede que ocupó felizmente en 1668 hasta el final de su vida.



Murió Raimundo el año de mil y ciento y sesenta y tres. El día de su muerte no se sabe de cierto, y esto dió ocasión a Arnoldo Ubión para ponerle en los Santos añadidos al Martirologio, de quien no se sabe el propio día. Mejor Hugo Menardo puso el día quince de marzo, porque ya que no su muerte, se celebrase de cierto su traslación. Fray Crisóstomo Enríquez en su Menologio le pone el día primero de febrero, y no dice la causa. Alberto Mireo no señala día, y engáñase cuando, citando al Arzobispo Don Rodrigo, dice que está juntamente enterrado con él, siendo que el cuerpo del Arzobispo está en el convento de Huerta. 

Fue sepultado en la Villa de Ciruelos, donde le tuvieron siempre en reputación de Santo; e hizo Dios por su siervo muchos milagros, sanando por su intercesión enfermos de enfermedades incurables, teniéndole en toda aquella comarca en suma devoción y reverencia. Ahora, aunque no está allí el cuerpo, veneran los de aquella tierra su antiguo sepulcro, y tienen larga experiencia de que tocando las campanas de la iglesia, cuyas sogas dan en la sepultura donde estuvo el siervo de Dios, en tiempo de nublados, truenos y borrascas serena en aquella parte milagrosamente el cielo, y jamás se han visto daños de rayos, piedra ni granizo la veces que con tiempo acuden a pedir su favor, y a tañer sus campanas.

Parroquial de Ciruelos (Toledo),
donde estuvo el sepulcro del santo
hasta su traslado a Montesión.
Fuente: Buscando Montsalvatge.

Estuvo el bendito cuerpo en este lugar muchos años, sin que fuesen bastantes diligencias algunas para obligar a los de Ciruelos a que le diesen a la Orden de Calatrava, cuyo fundador era, ni a los monjes de San Pedro de Gumiel, ni de Fitero, que con instancia le pedían, hasta que el año de 1471 el doctor Don Luis Núñez de Toledo, Arcediano de Madrid y canónigo de la Santa Iglesia, por concesión del papa Paulo II, y por virtud de su Bula, le hizo trasladar a Nuestra Señora de Monte Sión, convento de la Orden de Císter, llamado comúnmente de San Bernardo de Toledo, media legua extra muros de la misma ciudad, a una capilla que él fundó, intitulada de la Visitación de Nuestra Señora. (...) Y luego que llegó el cuerpo al convento, fue puesto en su capilla, (...) donde con gran decencia se puso en una urna, y todos los monjes de esta casa son testigos de muchos y grandes milagros que Dios ha obrado por intercesión de su siervo.

Aquí se mostraban las santas reliquias a personas de mucha autoridad, con grande reverencia. Y siempre sentían los que se hallaban presentes  ―abriéndose la urna― una gran fragancia del cielo, que les mostraba y hacía confesar no ser de cosa humana ni de olores aromáticos: clara señal de aquella pureza que el varón de Dios conservó intacta. Aun entre los hedores de la muerte da olor el lirio de la castidad. Débese, sobre el orden de la naturaleza, semejante prerrogativa a los castos, que despreciando los placeres corruptibles vivieron vida sobrenatural. 


Reliquia del santo conservada en Ciruelos.
Fuente: Buscando Montsalvatge.

sábado, 10 de marzo de 2018

La valiente resistencia de las Hermanitas de María



Las Hermanitas de María, Madre del Redentor, asentadas en Saint-Aignan-sur-Roe (diócesis de Laval, Francia), están siendo perseguidas por su obispo, el liberal Thierry Scherrer, según informó el 27 de febrero riposte-catholique.fr.

Las Hermanitas administran cuatro hogares para ancianos y anteriormente sirvieron también en la casa del obispo. Fueron fundadas en 1939 por la madre Marie de la Croix y en los años conciliares adoptaron el Novus Ordo Missæ. El obispo Scherrer considera ahora, sin embargo, que las Hermanitas son demasiado conservadoras por el hecho de haber decidido, durante su Capítulo general celebrado en el 2012, volver al hábito original y vestir de nuevo la genuina toca barbada. Parece ser, además, que su espíritu contemplativo y reparador encrespa el talante progresista del prelado, en plena sintonía con el pontificado actual.

Mas esta conducta no acaba de entenderse si no se mencionan los turbios intereses que subyacen en el fondo. A causa de una fusión de los hogares de ancianos, ahora Scherrer es miembro de la junta de gobierno de la asociación civil que los administra. Sin experiencia en el tema, impuso decisiones administrativas desoyendo el consejo de los expertos. Y al verse contrariado por la oposición de las religiosas, ordenó una visita canónica, cuyos resultados fueron determinados de antemano.

Scherrer consiguió involucrar a la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada, que suspendió el Capítulo de las Hermanas y exilió a la superiora general y a la maestra de novicias de la comunidad. Entonces fueron impuestos tres comisarios apostólicos liberales, es decir, tres religiosas de otras congregaciones con un espíritu totalmente opuesto. El caso recuerda demasiado a la intervención y progresiva destrucción de los Franciscanos de la Inmaculada.

Pero las Hermanitas decidieron, por unanimidad, impedir la entrada a las tres comisarias, y han apelado a la Signatura Apostólica romana, en valiente resistencia contra el ataque de la hidra liberal.



Sor Clemencia de la Santísima Trinidad en su profesión solemne.

Las Hermanitas sor María de San Pablo (izquierda)
 y sor María del Rosario (derecha).

viernes, 16 de febrero de 2018

Cuaresma 2018 / tiempo de conversión

Capítulo IX del Discurso de la Verdad, compuesto por el venerable don Miguel Mañara, caballero de la Orden de Calatrava y Hermano Mayor de la Santa Caridad sevillana. 


Antonio de Pereda: Alegoría de la vanidad.
 
Museo de Historia del Arte, Viena

Vio en el desierto un santo solitario a un hombre, que había hecho un haz de leña para llevarle a cuestas, y vio que probó a subirlo sobre los hombros, y no podía; y el remedio que buscó fue hacer más leña, con que acrecentó la carga, y menos podía subirla. Se reía el santo ermitaño de la locura de este hombre, hasta que le dijo un ángel:

—Más locos son los hombres que dejan para mañana su conversión. No pueden hoy levantar su corazón a Dios con la grave carga de sus pecados, y esperan a mañana, con muchos más, levantarse más ligeros.

Los más de los hombres de este miserable siglo no se acuerdan de volverse a Dios, si no es cuando el mundo los deja, y entonces, a más no poder, lo hacen, porque con la muerte los deja el tiempo. 


Tarde acordó Faraón, rey de los egipcios, a conocer a Dios en el mar Bermejo: arrepentido quiso volver atrás, pero las aguas le embarazaron el camino y quedó muerto en ellas (Ex 14). Las vírgenes necias (Mt 25, 1-13) tarde aparejaron sus lámparas, por lo cual se quedaron fuera. 

En la apretura y riguroso trance de la muerte, de maravilla se halla buena disposición: cosa es muy rara que tenga contrición verdadera el que antes no la tuvo. El santo rey David dice (salmo 6): «No hay quien se acuerde en la muerte de Vos». Pues, ¿quién se acordará? «El que vive, Señor, el que vive», responde el rey Ezequías en su cántico (Is 38, 19)no el que está agonizando con dolores, ansias y desventuras.

Acuérdate de tu criador en el tiempo de la juventud —dice el sabio— antes que se oscurezca el sol de tu entendimiento y las estrellas de tus sentidos. No seas como el otro ignorante, que cuenta el cardenal Belarmino, que a la hora de la muerte pedía a grandes voces tiempo para hacer penitencia, y oyeron los que le ayudaban a bien morir una tenebrosa y espantosa voz que le decía:

—Necio, ¿ahora que el sol se pone pides tiempo de penitencia? ¿Qué hacías cuando te alumbraba todo el día?

Y en estas miserables congojas dio su alma a los demonios. Bien parece ser falsa la penitencia de los tales, pues en sanando vuelven a sus vicios. La necesidad les fuerza a que digan las verdades, no la buena voluntad. Son como los ladrones, que no confiesan sus delitos sino a puros tormentos, cuya confesión no los libra de la pena, antes les da la muerte. 

Cornelis Norbertus Gysbrechts  (Amberes, 1630 - 1675)