domingo, 21 de abril de 2019

Surréxit Dóminus vere. Allelúia, allelúia


Luis de Morales: Resurrección de Cristo. 1566
Madrid, Museo del Prado

¿Fue Cristo el primero en resucitar?


Santo Tomás de Aquino: Tratado del Verbo encarnado. Cap. 53, a. 3 / fragmento

Está lo que se dice en 1 Cor 15, 20: Cristo resucitó de entre los muertos, como primicias de los que duermen, porque ―comenta la Glosa― resucitó el primero en el tiempo y en la dignidad.

Solución: La resurrección es la vuelta de la muerte a la vida. Pero son dos los modos en que uno es arrancado de la muerte. Uno, cuando esa liberación se limita a la muerte actual, de suerte que alguien comienza a vivir de cualquier manera, después de haber muerto. Otro, cuando alguien es librado no sólo de la muerte sino también de la necesidad y, lo que es más, de la posibilidad de morir. Y ésta es la resurrección verdadera y perfecta. Porque, mientras uno vive sujeto a la necesidad de morir, en cierto modo le domina la muerte, según aquellas palabras de Rm 8, 10: El cuerpo está muerto por causa del pecado. Y lo que es posible que exista, existe de algún modo, esto es, potencialmente. Y así resulta evidente que la resurrección que sólo libra a uno de la muerte actual, es una resurrección imperfecta.

Hablando, pues, de la resurrección perfecta, Cristo es el primero de los resucitados, porque, al resucitar, fue el primero de todos en llegar a la vida enteramente inmortal, conforme a aquellas palabras de Rom 6, 9: Cristo, resucitado de entre los muertos, ya no muere. Pero, con resurrección imperfecta algunos resucitaron antes que Cristo [vid. Mat 27, 52], para demostrar de antemano, como una señal, la resurrección de Aquél.

martes, 9 de abril de 2019

De cómo los peregrinos de Santiago han de ser recibidos




Los peregrinos, tanto pobres como ricos, han de ser caritativamente recibidos y venerados por todas las gentes cuando van o vienen de Santiago. Pues quienquiera que los reciba y diligentemente los hospede, no sólo tendrá como huésped a Santiago, sino también al Señor, según sus mismas palabras, al decir en el Evangelio: El que os reciba a vosotros, a mí me recibe. Hubo antiguamente muchos que incurrieron en la ira de Dios, porque no quisieron recibir a los necesitados y a los peregrinos de Santiago. 

En Nantua, que es una villa entre Ginebra y Lyón, la tela de cierto tejedor que negó pan a un peregrino de Santiago que se lo pedía, cayó súbitamente al suelo rota por medio.

(...) En la ciudad de Poitiers, dos nobles galos que volvían cierta vez de Santiago sin recursos, pidieron posada por amor de Dios y del Apóstol desde la casa de Juan Gautier hasta san Porcario, y no la encontraron. Y habiéndose hospedado en la última casa de aquella calle, en la cabaña de un pobre, junto a la iglesia de San Porcario, hete aquí, pues, que por castigo de Dios, un rapidísimo incendio asoló toda la calle en aquella noche, comenzando por la casa en que primero habían pedido posada hasta aquella en que se habían albergado. Y eran unas mil casas. Pero aquella en la que se habían hospedado los siervos de Dios, quedó intacta por la gracia divina.

Por lo cual sépase que los peregrinos de Santiago, tanto pobres como ricos, han de ser justamente recibidos y diligentemente atendidos.

Liber Sancti Jacobi. Códex Calixtinus. Edición de A. Moralejo, C. Torres y J. Feo. CSIC. Santiago de Compostela. 1951. Págs. 575 - 576.

miércoles, 6 de marzo de 2019

Cuaresma 2019 / tiempo de conversión

Capítulo IX del Discurso de la Verdad, compuesto por el venerable don Miguel Mañara, caballero de la Orden de Calatrava y Hermano Mayor de la Santa Caridad sevillana. 


Antonio de Pereda: Alegoría de la vanidad.
 
Museo de Historia del Arte, Viena

Vio en el desierto un santo solitario a un hombre, que había hecho un haz de leña para llevarle a cuestas, y vio que probó a subirlo sobre los hombros, y no podía; y el remedio que buscó fue hacer más leña, con que acrecentó la carga, y menos podía subirla. Se reía el santo ermitaño de la locura de este hombre, hasta que le dijo un ángel:

—Más locos son los hombres que dejan para mañana su conversión. No pueden hoy levantar su corazón a Dios con la grave carga de sus pecados, y esperan a mañana, con muchos más, levantarse más ligeros.

Los más de los hombres de este miserable siglo no se acuerdan de volverse a Dios, si no es cuando el mundo los deja, y entonces, a más no poder, lo hacen, porque con la muerte los deja el tiempo. 


Tarde acordó Faraón, rey de los egipcios, a conocer a Dios en el mar Bermejo: arrepentido quiso volver atrás, pero las aguas le embarazaron el camino y quedó muerto en ellas (Ex 14). Las vírgenes necias (Mt 25, 1-13) tarde aparejaron sus lámparas, por lo cual se quedaron fuera. 

En la apretura y riguroso trance de la muerte, de maravilla se halla buena disposición: cosa es muy rara que tenga contrición verdadera el que antes no la tuvo. El santo rey David dice (salmo 6): «No hay quien se acuerde en la muerte de Vos». Pues, ¿quién se acordará? «El que vive, Señor, el que vive», responde el rey Ezequías en su cántico (Is 38, 19)no el que está agonizando con dolores, ansias y desventuras.

Acuérdate de tu criador en el tiempo de la juventud —dice el sabio— antes que se oscurezca el sol de tu entendimiento y las estrellas de tus sentidos. No seas como el otro ignorante, que cuenta el cardenal Belarmino, que a la hora de la muerte pedía a grandes voces tiempo para hacer penitencia, y oyeron los que le ayudaban a bien morir una tenebrosa y espantosa voz que le decía:

—Necio, ¿ahora que el sol se pone pides tiempo de penitencia? ¿Qué hacías cuando te alumbraba todo el día?

Y en estas miserables congojas dio su alma a los demonios. Bien parece ser falsa la penitencia de los tales, pues en sanando vuelven a sus vicios. La necesidad les fuerza a que digan las verdades, no la buena voluntad. Son como los ladrones, que no confiesan sus delitos sino a puros tormentos, cuya confesión no los libra de la pena, antes les da la muerte. 

Cornelis Norbertus Gysbrechts  (Amberes, 1630 - 1675)

sábado, 23 de febrero de 2019

DECLARACIÓN

El 4 de febrero de 2019, el papa Francisco y Ahmad Al-Tayyeb, el gran imán de la mezquita Al-Azhar, firmaron el Documento sobre la Fraternidad Humana. En respuesta a esta errática aserción de pluralismo religioso, el cardenal Gerhard Müller y monseñor Athanasius Schneider publicaron, en los días posteriores, sendas declaraciones de Fe católica (enlaces aquí y aquí), afirmando que todos los que desean conseguir la salvación eterna deben permanecer dentro del seno de la Iglesia y servirla. Razón por la que Müller concluye su manifiesto con un llamamiento a la fidelidad y al testimonio, dirigido especialmente a obispos y a sacerdotes.

Los Monjes Comendadores queremos agradecer el valor de estos pastores y declaramos públicamente nuestra adhesión a un enfoque tan esclarecedor en estos tiempos de confusión, en que el pueblo cristiano parece que ha perdido el sentido de lo verdadero y de lo falso en materia de Fe.

También agradecemos a los cardenales Brandmüller y Burke su Carta Abierta a los Presidentes de las Conferencia Episcopales, publicada el pasado 17 de febrero, como llamamiento a los prelados que participan en la cumbre celebrada en Roma por estos días; y que reproducimos a continuación.

* * *     * * *

Estimados Hermanos, Presidentes de las Conferencias Episcopales:

¡Nos dirigimos a vosotros con profunda aflicción!
El mundo católico está desorientado y se plantea una pregunta llena de angustia: ¿hacia dónde está yendo la Iglesia?

Ante la deriva que está en marcha, parece que el problema esté reducido al de los abusos de menores, un crimen horrible, sobre todo cuando quien lo perpetra es un sacerdote, pero que, sin embargo, es sólo parte de un crisis mucho más amplia. La plaga de la agenda homosexual se ha extendido dentro de la Iglesia, fomentada por redes organizadas y protegida por un clima de complicidad y silencio. Las raíces de este fenómeno se encuentran, es evidente, en esa atmósfera de materialismo, relativismo y hedonismo en la que la existencia de una ley moral absoluta, es decir, sin excepciones, es puesta en discusión abiertamente.

Se acusa al clericalismo por los abusos sexuales, pero la responsabilidad primera y principal del clero no es el abuso de poder, sino el haberse alejado de la verdad del Evangelio. La negación, también pública, con palabras y hechos, de la ley divina y natural, es la raíz del mal que corrompe determinados ambientes de la Iglesia.
Ante esta situación, hay cardenales y obispos que permanecen en silencio. ¿También vosotros permaneceréis en silencio con ocasión de la reunión convocada en el Vaticano el próximo 21 de febrero?

Formamos parte de quienes, en 2016, interpelaron al Santo Padre sobre los dubia que dividían a la Iglesia tras las conclusiones del Sínodo sobre la familia. Hoy, esos dubia no sólo no han recibido aún respuesta, sino que son también parte de una crisis de fe más general. Por tanto, os animamos a elevar vuestra voz para salvaguardar y proclamar la integridad de la doctrina de la Iglesia.

Rezamos al Espíritu Santo para que ayude a la Iglesia e ilumine a los pastores que la guían. Es urgente y necesario un acto resolutorio. Confiamos en el Señor, que prometió: «Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos» (Mt 28, 20).

Walter Card. Brandmüller
Raymond Leo Card. Burke

sábado, 12 de enero de 2019

La verdadera opción benedictina / por Roberto de Mattei (extracto)

Publicamos un fragmento del discurso pronunciado por el profesor Roberto de Mattei en la apertura de la Catholic Identity Conference, que tuvo lugar del 2 al 4 del mes de noviembre de 2018, junto a Pittsburgh (Pensilvania). El texto de la conferencia se ofreció como primicia en The Remnant el pasado 5 de enero, bajo el título de La Iglesia en crisis: el acto final del Concilio Vaticano II . Una versión completa en español puede leerse en Adelante la Fe. Agradecemos al profesor su valiente discurso en defensa de la Tradición católica y su lúcida reflexión del miles Christi, figura tan importante en la espiritualidad monástica y tan necesaria en la actualidad, en este tiempo de confusión, demolición y apostasía. 



(...)
El 11 de septiembre de 2018, se presentó en la Cámara de Diputados romana el libro de Rod Dreher, titulado La opción benedictina (1). Entre los ponentes se encontraba el arzobispo Georg Gänswein, prefecto de la casa pontificia.

Dreher es un personaje ambiguo. Se presenta a sí mismo como católico, pero ha abandonado la Iglesia para adoptar la religión ortodoxa. El título de su libro también es ambiguo, porque la opción benedictina de la que habla no es la de San Benito, sino la de Benedicto XVI. En una entrevista reciente con el diario "Il Giornale", un periodista le preguntó: «Hay algunos que piensan que la opción benedictina significa la opción de Ratzinger». Dreher respondió: «Bueno, me refiero a San Benito, pero es cierto que Benedicto XVI es el segundo Benedicto de la opción benedictina».

El arzobispo Georg Gänswein, por su parte, elogió la «maravillosa inspiración del libro», que representaría una confirmación de algunas enseñanzas de Benedicto XVI. 


Sostengo que entre las semillas de renovación [del catolicismo tradicional] y el mundo posmoderno no puede haber coexistencia pacífica, sino lucha, y he calificado de catacumbalista la estrategia escapista de Dreher: la ilusión de salvarse con arcas de salvación, islas privilegiadas en las que sobrevivir renunciando a combatir el mundo moderno.

Su opción benedictina aparece así como resultado del rechazo a la concepción militante del cristianismo que ha surgido a raíz del Concilio. Este rechazo sustituye los muros por puentes, porque ya no hay cosmovisiones contrapuestas, y las diversas confesiones religiosas pueden unirse basadas en un sentimiento genérico de trascendencia. Pero esta estrategia existencial que procede del mundo moderno es muy distinta de la actitud combativa del verdadero San Benito.

Los monjes benedictinos fueron conquistadores. Dejaron el mundo para conquistarlo. Por eso Pío XII llamó a San Benito padre de Europa, y afirmó que «mientras las hordas de los bárbaros se extendían por las provincias, aquel que fue llamado el último de los romanos, conciliando romanidad y Evangelio, trajo la ayuda necesaria para unir a los pueblos de Europa bajo el pabellón del auspicio de Cristo y ordenar felizmente la sociedad cristiana. De hecho, desde el Mar del Norte al Mediterráneo y del Atlántico al Báltico se extendieron legiones de benedictinos que con la Cruz, los libros y el arado domesticaron a aquellos pueblos rudos e incultos».

La vocación de los monjes se complementó con la de los caballeros. Monjes y caballeros construyeron la sociedad cristiana medieval. La expresión más alta del Medievo fueron precisamente los monjes caballeros, como los Templarios, cuya regla redactó San Bernardo de Claraval (2). Hoy en día necesitamos hombres así, con ese espíritu. Por el contrario, diríase que la idea de Dreher y del arzobispo 
Gänswein consiste en preparar a los católicos para que soporten con paciencia la persecución, a la espera de tiempos mejores; volver, en espíritu, a la época de las catacumbas, porque no se vislumbra un inminente triunfo de la Iglesia sobre el mundo moderno. Ahora bien, ¿realmente esto es así?


San Benito de Nursia,
padre del monacato occidental.

(...)

Una Iglesia líquida pide católicos líquidos, sin identidad, sin una misión que cumplir e incapaces de combatir, porque combatir significa resistir, resistir a su vez significa permanecer, y permanecer significa ser. La Tradición es el Ser que se contrapone al devenir, cuya fugacidad va derecha hacia el mar de la nada. Tradición es aquello que permanece estable en el continuo devenir de las cosas, lo inmutable en un mundo cambiante, y lo es porque tiene en sí un reflejo de la eternidad.

El corazón de la Tradición está en el propio Dios, el Ser por esencia, que es inmutable y eterno. En Él y sólo en Él, y en Aquella que es reflejo perfecto de Él, la Santísima Virgen María, pueden los defensores de la Fe y de la Tradición encontrar las fuerzas sobrenaturales que necesitan para afrontar los tiempos de crisis que atravesamos.

La revolución anticristiana que atraviesa la historia detesta el Ser en todas sus expresiones y contrapone al Ser la negación de lo que es en la realidad estable, permanente y objetivo, empezando por la naturaleza humana, disuelta en la ideología de género.

Así pues, el horizonte ruinoso que tenemos por delante es la expresión de ese proceso revolucionario, y fruto de una labor de licuefacción de la sociedad y de la Iglesia. Un proceso elaborado por los agentes del caos, por sociedades que aspiran a re-crear o destruir el mundo. Este itinerario conduce, no obstante, a una inevitable derrota de la revolución.

(...)
En una primea acepción, las Cruzadas se pueden entender como empresas armadas en defensa de la Fe y de la Civilización cristianas. En este sentido, se cuentan entre las Cruzadas, por una parte, la Reconquista española contra los moros y, por otra, en los siglos sucesivos, las batallas de Lepanto, de Viena y de Budapest contra los turcos.

En un sentido más estricto, el nombre de Cruzadas define las expediciones militares emprendidas por el Papado para la liberación del Santo Sepulcro entre los siglos XI y XIII.

(...)
Nuestra evocación de las minorías combatientes no es una exhortación a una lucha cruenta, sino a un espíritu combativo motivado por la convicción de que la lucha es parte de la naturaleza humana y de que la gracia divina ayuda a quien no abandona ni deserta.


(...)
Nosotros somos también pocos hoy en día. Estamos desprovistos de los medios materiales que proporcionan los poderes políticos, económicos y mediáticos. Estamos cubiertos de las heridas causadas por nuestros pecados. Se nos aísla y se nos trata como a leprosos por nuestra fidelidad a la Tradición. No obstante, si tenemos valor para resistir, para no retroceder, para atacar al enemigo que avanza (...), la victoria será nuestra, porque nuestro amor a la Iglesia y la Civilización Cristiana es más fuerte que la muerte. Y como dice el Cantar de los Cantares, «no valen las muchas aguas para apagar el amor ni los ríos pueden ahogarlo» (Cant 8, 6-7).

Por eso, no queremos volver a las catacumbas. Hoy en día, el lábaro de Constantino, los estandartes de las Cruzadas y el pendón de Lepanto no son el signo de una guerra armada, sino el símbolo de una actitud espiritual: la disposición de ánimo de quien está convencido de que, como dice San Pío X, «la civilización del mundo es civilización cristiana: tanto más verdadera, durable y fecunda en preciosos frutos, cuanto más genuinamente cristiana». Éste es el estado de ánimo de quien tiene la convicción de que la civilización cristiana no es un sueño que pasó a la historia, sino la solución a la crisis de un mundo en descomposición; es el reinado de Jesús y de María en las almas y en la sociedad, que anunció Nuestra Señora en Fátima, y por el cual seguimos luchando cada día con confianza y valentía.


(1) Rod Dreher, La opción benedictina, una estrategia para los cristianos en un mundo post-cristiano , Sentinel Press, 2017.
(2) NOTA DE LOS EDITORES DEL BLOG: San Bernardo no escribió ninguna Regla para monjes. La de los templarios fue escrita en 1128 por iniciativa del Concilio de Troyes. La obra de Bernardo titulada Glorias de la nueva Milicia fue escrita como exhortación a los caballeros templarios, con el fin de dar a conocer la nueva orden religiosa en occidente.